RVs con la delegada del gobierno en Asturias

Fotos del día de la Fiesta Nacional con la delegada del gobierno Delia Losa, que estuvo muy simpática y amable con los reservistas que acudimos invitados a los actos del día del Pilar, la patrona de la Guardia Civil, en Oviedo.

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Ares en el Club de Prensa LNE- Gijón: La micronesia española por J. Mª. Arias

Nuestro amigo y gran colaborador de ARES-Asturias José María Pérez Arias nos ofreció una charla amena y documentada: La Micronesia española, últimos restos de nuestro Imperio en Asia.

Fotos Antonio Cuestas

Pérez Arias: “En Micronesia existen aún reminiscencias del castellano”

El investigador gijonés diserta sobre la última colonia española en Asia, vendida por un montante de 25 millones de pesetas a Alemania en 1899

J. M. Requena 01.12.2018 | 02:04

Por la izquierda, Benigno Maújo, José María Pérez Arias y Esteban Aparicio, antes de la ponencia.
Por la izquierda, Benigno Maújo, José María Pérez Arias y Esteban Aparicio, antes de la ponencia. MARCOS LEÓN

Al contrario de lo que dicta el imaginario popular, Filipinas no fue la última colonia española en Asia. Ese honor recae sobre la Micronesia española, que fue vendida a Alemania por 25 millones de pesetas -17 millones de marcos- en el año 1899, según explicó en el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón el investigador gijonés José María Pérez Arias.

De esa forma España se deshizo de todos sus territorios en el continente asiático. Al menos de forma oficiosa, ya que en ese tratado de compraventa no se incluyeron “seguramente por error” cuatro conjuntos de pequeñas islas “que a día de hoy hay quienes siguen reclamando como españolas”. Esa fue una de las múltiples anécdotas y curiosidades que explicó Pérez Arias en su ponencia, perfectamente documentada con multitud de fotos antiguas.

Otra de ellas es, por ejemplo, que “hoy en día siguen existiendo en Micronesia reminiscencias lingüísticas del castellano”, sobre todo en el archipiélago de las Marianas. Es el llamado “chamorro”, un idioma “muy parecido al castellano” y que es “perfectamente entendible” para los españoles. De hecho, hasta hace unas décadas, se editaba en el archipiélago el diario “Chamorro”, escrito en ese idioma.

En las islas también se conservan, más de un siglo después, otros vestigios de la presencia española en Micronesia. Sobre todo, construcciones como iglesias o fortines ya que “los españoles que allí habitaban eran esencialmente misioneros y militares y, en menor medida, comerciantes”, explicó Pérez Arias.
https://www.lne.es/gijon/2018/12/01/perez-arias-micronesia-existen-reminiscencias/2389712.html

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Concierto solidario ARES-DD Asturias

Magnífica tarde de viernes en la Delegación de Defensa (DD) de Asturias que un año más, ya empezamos a perder la cuenta, y organizado con la Asociación ARES de Reservistas Españoles en Asturias dejó grandes momentos.
Este año los coros colaboradores, que nos hicieron muy grata la jornada, fueron el Corón de Mieres y el Amicorum Musicae de Oviedo, este último es un “renacimiento” del extraordinario Coro Universitario desaparecido y se sigue notando su excelsa calidad.

En la Delegación tuvieron el detalle de que los que portásemos el uniforme fuéramos los reservistas y el resto de militares profesionales presentes fueron de paisano salvo el coronel delegado.
Lleno hasta la bandera y magnífica solidaridad con el banco de alimentos en la propia DD y que se remataría al día siguiente en varios comercios de Asturias.
Se deja constancia gráfica, vídeo del Asturias, patria querida y el cartel anunciador.

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Fotos y vídeos: Antonio Cuestas


Cartel Defensa 2018(1).jpg

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El líder independentista filipino que declaró arrepentido su «amor» incondicional a España

https://www.abc.es/historia/abci-aguinaldo-rebelde-filipino-arrepintio-masacrar-querida-espana-1898-201806120223_noticia.html

Habían pasado más de seis décadas desde la independencia de Filipinas con respecto a España –de la que este verano se cumplieron 120 años–, pero Emilio Aguinaldo tenía las cosas claras con respecto a su papel protagonista en la guerra de 1898: «Después de Filipinas, yo amo a la madre patria España y algún día querría ir a ella. Los norteamericanos nos traicionaron», repetía el antiguo general insurrecto cuando recibió a ABC, en 1962, en su casa de Cavite. Un deseo que no pudo cumplir al fallecer, a los 94 años, dos semanas antes de publicarse la entrevista.

Aguinaldo había nacido el 22 de marzo de 1869 en esa misma ciudad. Filipinas pertenecía a España. Al cumplir los 11 años, cuando murió su padre, abandonó la secundaria para ayudar a su madre en la administración de las tierras. Poco a poco fue germinando en él el creciente sentimiento anticolonial de los tagalos. En 1895, cuando tenía 26 años, ingresó con el rango de teniente en la recién creada organización secreta de Katipunan, liderada por Andrés Bonifacio. «Casi al mismo tiempo que don Andrés –así se refirió en la entrevista, con profundo respeto, a su jefe– ataqué las guarniciones españolas en Cavite y las derroté». El objetivo, lograr la independencia a través de las armas. Y su determinación fue tal que, pocos meses después, alcanzó el grado de general, justo en el momento en el que se iniciaba la guerra.

Su liderazgo en la rebelión de su provincia fue incontestable, hasta el punto de que sus compañeros le nombraron presidente de la futura república. Como escribiría en 1962 el escritor yugoslavo Ante Radaic, también presente en la cita con ABC: «Son de sobra conocidos sus triunfos, seguidos y continuos. En donde atacaba, ganaba, y por eso los revolucionarios le reconocieron como el verdadero caudillo de las fuerzas filipinas, mientras Bonifacio, aun habiendo sido primero en organizar el movimiento, perdía su popularidad por sus desaciertos militares».

Aquello no gustó al mencionado Bonifacio, que intentó impugnar la elección y se enfrentó contra Aguinaldo sin dudarlo. La batalla interna entre ambos, que se libró mientras el Ejército español trataba de contener el levantamiento de los filipinos, fue favorable a nuestro protagonista. Poco quedaba de aquel guerrero durante la entrevista con este diario: «Era un hombre pequeñito, casi momificado, de andar vacilante. Llevaba grandes gafas que parecían extrañas en la cara. El pelo blanco y abundante. Tenía las mejillas hundidas hasta acusar los pómulos. Los ojos eran diminutos, casi ciegos…», escribía Luis María Ansón en calidad de enviado especial.

Casa de Emilio Aguinaldo en Cavite, donde ABC realizó la entrevista en 1962
Casa de Emilio Aguinaldo en Cavite, donde ABC realizó la entrevista en 1962 – WIKIPEDIA

En la confrontación, Bonifacio fue capturado y, tras un juicio militar, condenado a muerte por sedición el 10 de diciembre de 1897. El mismo día fue ejecutado y Aguinaldo alzado como líder indiscutible en la guerra contra los españoles, donde se ganó el respeto de todos por «su nobleza en el campo de batalla para con sus enemigos», tal y como reconocía Ansón en su reportaje. De hecho, la Reina María Cristina le concedió la más alta distinción de la Cruz Roja, por el trato que tuvo con sus prisioneros y, en especial, con los héroes de Baler. «Siempre he guardado un gran cariño a España y en los día de la guerra siempre ordenaba a mis soldados que tuvieran un gran respeto a su bandera. Siempre he querido y sigo queriendo a vuestro país como a mi propia madre. Cuando hablaba así de España durante la revolución, mis soldados y oficiales me lo reprochaban. Nunca he permitido maltratar a los españoles. A los prisioneros sanos los mandaba a España y a los enfermos los curaba en los hospitales», aseguraba en 1962 el antiguo jefe de los rebeldes, en el salón de su casa, repleto de algunas fotografías curiosas de aquel pasado glorioso. Entre ellas destacaba una del Rey Alfonso XIII y otra del antiguo capitán general de Filipinas, Fernando Primo de Rivera, tío del dictador español, que le infligió una dura derrota en la primera parte de la guerra, por la cual Aguinaldo tuvo que marchar al exilio de Hong Kong durante unos meses. En dicho retrato, figuraba esta emotiva dedicatorio: «Al general Aguinaldo, bravo y leal adversario en la noble batalla y fiel amigo en la paz».

Nuestro protagonista, sin embargo, no habló de los muertos provocados entre sus «queridos españoles» cuando le dio la vuelta al conflicto gracias al apoyo interesado de Estados Unidos. Así contó él mismo este episodio en su libro « Reseña verídica de la revolución»: «El almirante George Dewey me pidió que volviera a Filipinas para que reanudara la guerra de independencia, ofreciéndome la ayuda de sus tropas. Pregunté entonces lo que le concedería a Filipinas en caso de ganar, a lo que contestó que ellos ya eran una nación grande y rica y que no necesitaban colonias». La misma promesa le hicieron los americanos en los meses posteriores: Filipinas sería para los filipinos cuando España cayera.

Al contrario de Cuba y Puerto Rico, no hay muchos datos de esta guerra a pesar de todo lo contado sobre Baler y la batalla naval de Cavite. Se sabe que en el sitio de Manila participaron 8.500 soldados estadounidenses y 12.000 filipinos comandados por Aguinaldo, que aceptó el trato ante las suculentas promesas. El historiador Jesús Flores Thies aseguró en un estudio de 1999 que no solo fue más larga que la de Cuba, sino también muy cruenta, aunque no daba cifra de bajas, ya que los listados publicados en el Diario Oficial del Ministerio de Guerra español eran muy confusos. El historiador David F. Trask barajó en «The war with Spain in 1898» (1996) que los soldados españoles muertos en combate en Filipinas ascendieron a unos 3.000 solo del Ejército de Tierra, sin contar los que pudieran fallecer en las batallas navales o durante la repatriación por las enfermedades contraídas.

«Nos traicionaron»

Unos muertos que Aguinaldo asumió sin saber que aquel trato con Estados Unidos acabaría convirtiéndose en su pesadilla. «Los americanos nos traicionaron, nos traicionaron…», repetía en 1962. Cuando se reinició la guerra el 25 de abril de 1898, no duró ni dos meses. El 12 de junio Aguinaldo proclamó la independencia y era elegido primer presidente de su país desde el mismo balcón en el que se produjo el encuentro con este periódico: «Mire usted, entre estos dos cañones que usted ve, yo hice a Filipinas nación independiente. Y unas semanas después de mi proclamación, se arrió la bandera española», comentaba con cierta orgullo al recordar también el decreto firmado al respecto de los «heroicos» soldados de Baler: «No serán considerados prisioneros, sino todo lo contrario, amigos. Y en consecuencia, se les proveerá de pases para que puedan regresar a su país».

Pronto comprendió Aguinaldo que había sido engañado por Estados Unidos cuando, pocos meses después, comprobaba con sus propios ojos como estos se quedaban con Filipinas a través del famoso Tratado de París firmado con España. «A los soldados filipinos que habían peleado heroicamente en la guerra no se les permitió entrar en Manila. Los norteamericanos ocuparon el país, a pesar de que los filipinos, inspirados por la libertad, habían tomado las armas en defensa de su independencia», contaba Radaic. Para los que apoyaban esta versión, el presidente William McKinley no solo había traicionado a sus aliados, también a sus instituciones democráticas y a toda la nación. Los simpatizantes del colonialismo, por su parte, rechazaron los argumentos. Para ellos no hubo tal promesa a los tagalos y no entendían como un «buen norteamericano» podía confiar en la palabra de un bandido extranjero como Aguinaldo, más que en la de un héroe nacional del calibre del almirante Dewey.

Héroes filipinos de la independencia. Sentados, Pedro Paterno (Izquierda) y Emilio Aguinaldo. Detrás, de derecha a izquierda: Isabel Artacho, Baldomero Aguinaldo, Sevrino Alas, Antonio Montenegro y un ayudante del general Aguinaldo
Héroes filipinos de la independencia. Sentados, Pedro Paterno (Izquierda) y Emilio Aguinaldo. Detrás, de derecha a izquierda: Isabel Artacho, Baldomero Aguinaldo, Sevrino Alas, Antonio Montenegro y un ayudante del general Aguinaldo – ABC

Para justificar que se habían quedado con el control del archipiélago asiático, muchos escritores y conferenciantes estadounidenses manipularon la historia en sus textos y análisis. Los filipinos no dudaron en ir de nuevo a la guerra, pero esta vez contra los que fueron sus aliados. La contienda se prolongó durante tres años y acabó con una derrota apabullante de Emilio Aguinaldo y su ejército. Siguiendo con la tendencia, el historiador americano Theodore Noyes justificó la conquista acusando a los tagalos de traidores. Una década después, el sacerdote español Manuel Arellano Remondo estimó que más de un millón de hombres, mujeres y niños civiles filipinos habían muerto a consecuencia de los ataques de Estados Unidos.

Cuando en 1958, poco antes de su entrevista con ABC, el escritor y periodista filipino Guillermo Gómez Rivera le preguntó a Aguinaldo si se arrepentía de haberse levantado contra España, su respuesta fue: «Sí, estoy arrepentido. Por eso, cuando se celebraron los funerales en Manila en honor del Rey Alfonso XIII en 1941, yo me presenté en la catedral para sorpresa de los españoles. Allí me preguntaron que por qué había ido a los funerales del Rey contra el cual me había alzado en rebelión. Y les dije que sigue siendo mi Rey, porque bajo España siempre fuimos súbditos o ciudadanos españoles, pero que ahora, bajo el poder de Estados Unidos, somos tan solo un mercado de consumidores de sus exportaciones, cuando no parias. Nunca nos han hecho ciudadanos de ninguno de sus estados. Los españoles, sin embargo, me abrieron paso y me trataron como su hermano en aquel día tan significativo».

Filipinas no obtuvo la independencia definitiva de Estados Unidos hasta más de cuarenta años (y otro millón de muertos más a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial) después de la guerra. «Nunca olvido a la madre patria, a quien saludo a través de ABC», añadió de nuevo en su despedida Emilio Aguinaldo.

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Los Reservistas con el Banco de Alimentos

La Asociación ARES de Reservistas Españoles en Asturias colaboró un año más con el Banco de Alimentos. Uno de las colaboraciones fue la recogida de alimentos que en diferentes turnos se repartieron a lo largo del día en Gijón, Pola de Siero y Oviedo.
A servidor le tocó en el Alimerka de Foncalada en Oviedo, tuvimos los ayudantes más jóvenes de la historia, muy trabajadores y educados.

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J.M. Arias: la aviación española en África

Nuestro amigo y colaborador asiduo de ARES Asturias ha publicado un artículo sobre el asunto, como es marca de la casa magníficamente documentado.
Se recuerda que mañana en Lne de Gijón dará una charla organizada por ARES.
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Una foto vale más que mil humoristas gilipuertas

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