Portugal tergiversa la historia y borra al Imperio español de la vuelta al mundo

La primera vuelta al mundo, la primera globalización es una obra totalmente española. Magallanes trabajaba para la corona de España. Portugal no sólo rechazó su idea sino que la persiguió a muerte con ahínco tratando de preservar su ruta de las especies a través del cabo de Buena Esperanza. De hecho Elcano tuvo que acabarla a través del Índico y Atlántico huyendo de la muerte segura que supondría encontrarse con naves portuguesas pues esa ruta era dominio portugués. El intento de llegar a las islas de las Especias por el Pacífico responde precisamente a la necesidad de buscar una alternativa a la ruta portuguesa.
Estaría curioso que los enemigos mortales de esa expedición se apropiaran de ella. Portugal tiene Historia de sobra para no apropiarse de lo que no es suyo. Al César lo que es del César.
DIARIO ABC
El país vecino busca que la Unesco reconozca la «Ruta Magallanes» sin Elcano ante la falta de acción y diplomacia del Gobierno de Sánchez

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Manuel P. Villatoro
Francisco Chacón

19/01/2019 12:15h
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Los engaños de Portugal para evitar una de las grandes gestas españolas
El quinto centenario de la primera vuelta al mundo, entre el 20 de septiembre de 1519 y el 6 de septiembre de 1522, ha visto cómo Portugal se afana en sacar adelante la Ruta Magallanes como Patrimonio de la Humanidad reconocido por la Unesco. Pero la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, que fue financiada por la Corona española, ha quedado reducida en su propuesta a una iniciativa portuguesa, cuando partió de Sanlúcar de Barrameda y finalizó en esta misma población de la provincia de Cádiz.

Ni rastro del marino vasco en los documentos oficiales presentados por el Gobierno del país vecino, o mejor dicho sí, pero solo para citar que comandó el viaje de regreso porque el navegante luso había fallecido en Filipinas un año antes. Nada más. En ningún momento se plantea a la Unesco un reconocimiento patrimonial conjunto que contemple tanto a España como a Portugal en armonía.

La candidatura comenzó a fraguarse al otro lado de la frontera en junio de 2015, encabezada por el alcalde de Sabrosa (la localidad norteña donde nació Magallanes), José Marques, quien declaró entonces: «Nos gustaría que, en 2019, año en que se iniciarán las conmemoraciones de los 500 años del histórico viaje, ya tengamos la calificación de Patrimonio de la Humanidad». Cierto es que, dos años antes, se había dado luz verde a la denominada Red Mundial de Ciudades Magallánicas, según la terminología lusa, y que ahí están incluidas Tenerife, Guetaria (la localidad guipuzcoana donde nació Elcano), Sevilla o Sanlúcar de Barrameda. Pero ni en su momento ni hoy se ha avanzado hacia una celebración a la par.

En 2017 se asentó el proyecto. Fue entonces cuando Portugal incluyó la propuesta en la Lista Indicativa de la Unesco, una relación previa elaborada por cada uno de los países de la que se seleccionan, cada cierto tiempo, las candidatas a ser nombradas Patrimonio de la Humanidad. La propuesta sigue citada en la web de la organización como «Route of Magellan. First around the World» («Ruta de Magallanes. Primera alrededor del Mundo») y, en la misma, el marino vasco Juan Sebastián Elcano no es nombrado ni en una ocasión.

El escrito sí cita a España tres veces, aunque sin recalcar su papel preponderante en el hecho. Un escuálido reconocimiento que no evita el agravio que supone que el territorio que negó a Magallanes la financiación para llevar a cabo este viaje (el marino acudió al monarca luso antes que a Carlos I) y que combatió con todas las armas que pudo para evitar esta travesía se apropie de la gesta.

España olvidada
Lo mismo sucede con la nota de prensa que la República Portuguesa publicó en 2018 para anunciar la formación de la Misión de las conmemoraciones del V Centenario de la circunnavegación dirigida por el navegante portugués Fernando de Magallanes (EMCFM); la comisión encargada de organizar las celebraciones del aniversario. Un texto en el que tanto España como Elcano brillan por su ausencia. Este organismo, por el contrario, sí recalcó ese mismo año que el proyecto buscaba «reconocer el papel, pasado y presente, de Portugal y de los portugueses para promover el conocimiento y el diálogo intercultural […] contribuyendo a una sociedad más justa, inclusiva y con mayor bienestar».

Fuentes españolas de la Unesco han corroborado a ABC que, a día de hoy, la candidatura portuguesa se encuentra únicamente en la Lista Indicativa del país, donde algunos proyectos han permanecido «decenios sin dar nunca el paso a una candidatura formal». A su vez, han incidido en que, en el caso de que los lusos la eligieran (cosa imposible este 2019, pues ya han seleccionado el número máximo) la propuesta tendría que demostrar ante dos organizaciones independientes su validez histórica. Entre los organismos se encontraría el Comité de Patrimonio Mundial, en el que España cuenta con representación.

¿Dónde queda España en toda esta historia? Desde la Secretaría de Estado de la España Global (destinada a potenciar la imagen de nuestro país en el mundo) han declinado hacer declaraciones «por respeto a la comisión que organiza el aniversario». Se refieren a la Comisión Nacional para la conmemoración del V Centenario de la expedición, con la que ABC ha intentado contactar sin éxito. No obstante, fuentes del Ministerio de Cultura han señalado a este diario que, a pesar de que desconocían la existencia del proyecto, solicitarán en los próximos días al embajador español ante la Unesco que elabore un escrito pidiendo información sobre la propuesta.

Verdad histórica
Solo cabe esperar que estas explicaciones logren hacer entender a Portugal que la realidad histórica se encuentra de parte de España. Así lo confirma a ABC el doctor en Historia y profesor universitario Agustín Rodríguez González, autor de « La primera vuelta al mundo» (Edaf, 2018): «Fue una empresa española. Se trataba de llegar al archipiélago de las Molucas por otro camino distinto del portugués, que contorneaba África y luego atravesaba el Índico para llegar al Extremo Oriente».

Enriqueta Vila, doctora en Historia de América y miembro de la Real Academia de la Historia, está también convencida de que la gesta fue española. «El monarca portugués Manuel I despreció a Magallanes», explica en declaraciones a ABC. La experta afirma que el marino llegó a Sevilla «resentido» por aquella respuesta y, casi siguiendo los pasos de Colón, presentó su proyecto a la Corona. «En el mismo instante en el que fue aceptado, personajes como Sebastián Álvarez, delegado del rey luso, intentaron evitar que la expedición partiera», añade. El mismo embajador intentó que «se diera marcha atrás en las capitulaciones». Por ello, considera una «verdadera osadía que se intente hacer ver que fue una obra del país vecino».

Rodríguez establece además que los lusos «enviaron buques armados contra la expedición» y que los supervivientes que lograron arribar a su destino y quisieron volver a España tuvieron que enfrentarse a Manuel I. «La nao “Trinidad” fue apresada por los portugueses, que mantuvieron a los supervivientes en prisión largos años», desvela. De hecho, Elcano se vio obligado a evitar las escalas porque «sabía que le detendrían». «Solo hizo una en Cabo Verde y los portugueses encarcelaron a la docena de marineros».

Los ataques portugueses
Evitar la salida

Las crónicas confirman que los portugueses se plantearon asesinar a Magallanes para lograr detener la expedición. Este decidió acompañarse de sus criados cuando llegaba la noche para evitarlo.

Detener la expedición

A mediados de noviembre de 1521, un capitán llamado Tristán de Meneses informó a la expedición de que el rey portugués había mandado una flota para interceptarles.

Las naves de Faría

Además de aquella flota, Manuel I encargó al capitán Francisco Faría evitar, con dos baterías de bombardas, la finalización de la misión. Por suerte, el marino tuvo que regresar a puerto.

Sin escalas

Durante el regreso, Elcano solo hizo una escala en la que los portugueses encarcelaron a una docena de marineros y persiguieron a la «Victoria», que logró escapar.

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